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miércoles, 2 de julio de 2014

Pasan las horas...

Pasan las horas,
la lluvia llega y pasa,
las sombras aparecen con las luces de ese sol
que por las noches pasa.

      Yo paso a cada paso,
       paso por su casa y por su mente,
      paso por las calles calladas
      recorriendolas con su mano no en mi mano.

  Suena el cielo, y se ilumina todo,
  como su presencia, que lo ilumina todo
  aunque llegue callada y despacito
  y yo no la noto porque me encuentra distraído,
  pensando en usted.

      Pasa la vida y yo no la paso con usted,
      entonces me pregunto ¿Qué es lo que pasa?,
      y me siento a filosofar sobre la existencia de su amor
      o del mio, ya no estoy seguro de cuál es cual,
      ni de cuál no es cual.

           Pasan las horas, y no la miro,
           no sé si hay algo mal en mis ojos,
           o es sólo la vida ingrata que no me esta llevando a usted
           a pesar de ser fuente de donde emana todo en la mía.

   Suena el bandonéon y la guitarra,
   el piano les responde ligero
   y yo digo su nombre para consumar el ritmo,
   así la canción esta completa, sólo por usted.

     Paso mis dedos por su espalda,
     o bueno, por lo menos eso pienso,
     la realidad es que el aire sólo pasa entre mis manos
     pero yo la encuentro en cualquier lado,
     por eso me doy el gusto de quererla en todas partes.

           Quisiera sentir su respiración como anoche,
           y que firmemos un contrato de dicha mutua
           pero ésta vez sin tinta, usted ponga su piel suave
           que yo escribiré con mis manos cada cláusula,
            cada párrafo, cada verso, cada caricia.

    Ya apuro mi paso para pasar por su casa,
    aunque debo de admitir que no iba de paso,
    sino decidido a verla,
     así como pasan las aves para sentir el sol en sus alas,
     así como pasan las horas, para pasar a verla.

                                                                                                    FABO