jueves, 24 de agosto de 2023

La libreta vacía

A veces, cuando miro una libreta vacía,
me dan ganas de llenarla de tus recuerdos,
aunque me pregunto si sus hojas serán suficientes
para vaciarlos de uno a uno.

   Una hoja, una letra, una palabra,
   una línea, un recuerdo, un suspiro,
   un trago, una memoria tullida,
   otra página.

Las letras se confabulan y se acomodan
proyectando imágenes que no son preceptíbles
para ningún ojo
pero sí para cualquier alma.

  Los párrafos se aglomeran
  y forman edificios burocráticos
  con miles de formatos que llenar,
  sólo para recordar el color de tu vestido.

Un texto alegre y uno melancólico,
o mejor dicho, dos textos que parecen uno
que se funden en el vaivén de la nostalgia,
como el mar en calma que parece embravecido.

  La tinta se agota, así como las horas,
  así como la memoria, así como las manos,
  así como la pluma,
  así como el papel.

La noche muere como la libreta,
la mañana renace y curiosamente
a poca distancia, miro una libreta
y me dan ganas
de llenarla de tus recuerdos.


                                                          FABO