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domingo, 13 de julio de 2014

El eco de tus pasos...

El eco de tus pasos resuena
por los rincones vacíos de mi alma,
donde nada queda,
y tú vienes como un simple espectador
de lo que alguna vez fue completamente tuyo.

      A lo lejos todo se ve más pequeño
      y yo te veo inmensa a tu lejanía,
      será que tu recuerdo se engrandece
      entre más ausente te encuentras.

            Las notas del piano vuelan por los aires
            invadiendo cada parte con su nocturno palpitar,
            me quedo de pie justo en medio del gran salón
            y observo tu sombra encerrada bailar como nunca.

   Siento una opresión en el pecho,
   y pongo mi mano sobre el corazón,
   pero no encuentro su latido, sin embargo,
   me siento aterradoramente vivo.

                      Aflojo un poco la corbata,
                      dejo el saco atrás, y un botón de la camisa,
                      caigo sobre el piso de madera, deshaciéndome
                      en mil pedazos y me esparzo por el mundo.

    Vuelo con el viento y me mezclo con las notas vibrantes,
    a veces la calma llega y me hace creer,
    a veces el revuelo de la vida me llena de dudas
    y yo que quisiera tener las respuestas
    a preguntas que aún no me atrevo a hacer.

           La luna se asoma en todo su esplendor
           y me estiro para alcanzarla,
           pero la sorpresa me la llevo al notar
           que es ella quien busca alcanzarme
           y yo que no me daba cuenta.

   No sé si tus pasos te acercan o te alejan aún más
   sin embargo siguen con su eco aterrador,
   como el viejo reloj con su "tic tac" imparable,
   con ese rasgo que distingue al tiempo de ser incontenible
   que llega arrasándolo todo, desde nuestro nacimiento,
   así como tú que arrasaste con todo lo que era
   haciéndome lo que ahora soy.

        Pero después de todo,
        te doy mi gratitud sin reservas,
        porque para renacer hay que morir,
        y yo quede enterrado en las cenizas de tu olvido
       y resurgí, para estar completamente vivo,
       por eso, aún puedo seguir escuchando
       el eco de tus pasos.

                                                                                                       FABO