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miércoles, 8 de octubre de 2014

Sin palabras...

Ella se puso justo a su lado, lentamente se acercó hacia su oído y con la voz más suave y seductora que pudo encontrar dentro de sí misma, soltó un susurro casi imperceptible que se perdía entre los ruidos de la noche, diciendo claramente "te quiero", por un momento un profundo silencio se apoderó de todo, las cigarras dejaron de cantar y pareciese que por unos segundo la fuente se volvió de hielo en pleno verano; la noche era cálida y él con sus manos recargadas sobre el balcón de piedra observaba impávido el gran jardín que se desplegaba bajo sus pies como un mar verde y gris, que reflejaba los rayos de la luna clara. No hubo ningún movimiento, ninguna respuesta. Ella giro hacia el otro oído, tomándolo por el cuello y con el mismo gesto seductor soltó un vibrante "Je t´aime" que sonaba como una melodía salida de un violín, con esa nota larga y a su vez efímera que sólo los concertistas saben acariciar y que sólo algunos oídos terminan amándola por siempre; sin embargo él seguía inmutable, casi como una estatua. Ella se colocó detrás, lo sujetó por la cintura y le dijo "I love you" con ese acento que hace que la piel vibre y el mundo se detenga, pero las palabras fueron arrastradas por el viento, y pronto dejaron de tener ese efecto. Cansada ya, soltó al hombre, dando media vuelta caminando en sus tacones altos, enfundada en el vestido negro y con los aretes que resplandecían como pequeñas estrellas en sus sutiles oídos. Se detuvo justo a la salida girando un poco el rostro sólo para observarlo aún inmóvil frente al balcón. Justo antes de subir al auto sintió que alguien la sujetaba del brazo, era él con el rostro serio, la levanto suavemente y frente a toda la recepción, la besó, como si no existiera tiempo, ni mundo, como si el universo sólo estuviera naciendo de ese beso, como si todo muriera en ese beso, como si ellos no fueran más que un beso dado por el simple motivo de que ese beso debía de existir. Ella intrigada lo miró profundamente, entonces sin decir ni una sola palabra, con la mirada clavada en sus profundos ojos negro, le dijo "también te quiero".

                                                                                                           FABO