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martes, 25 de agosto de 2015

Nada tengo ya...

Me pare frente a su puerta, sabía que ya era tarde, pero hay cosas que son atemporales. Llame a su puerta tres veces, y salió con su cara de sueño, entre asustada y sorprendida, le pedí que bajara y solo hizo una mueca de disgusto. Abrió la puerta con un gesto que trataba de disimular un poco su enojo, no dijo nada sino que hizo un ademan como si me cediera la palabra después de una letanía en silencio. Aclaré un poco mi garganta, como si existiese una puerta que no dejara fluir las palabras, sin embargo estás la derribaron a golpe de ariete y fluyeron como si fuera un río embravecido lleno por la continua lluvia de ideas y sentimientos que no pueden contenerse más. Respiré profundo, la miré a los ojos fijamente y esto pareció tomarla por sorpresa, tal vez notó la decisión en mi mirada, "He decidido ya que nada importa, todo carece de relevancia, nada presenta ya la más mínima prioridad en mi vida. Me he vuelto una persona vacía. Ahora solo como, duermo, trabajo, me levanto, me cepillo los dientes, voy por los víveres, y al día siguiente todo vuelve a ser igual. Así que me he cansado de esta situación y vengo a pedirte... no... a exigirte que me devuelvas todo lo que soy, y me refiero en verdad a todo, porque no es válido que me hayas despojado de mi tesoro más preciado, mis ganas de vivir, y no digo que me vaya a pegar un balazo en la sien, me refiero al color de la vida, al aroma de la ciudad dormida, al calor del sol en mi piel; a los retazos de poesía mal lograda, a las canciones tocadas en esa vieja guitarra desafinada. A mis noches lluviosas en calma a pesar de los truenos incesantes, a mis sueños despiertos, a mi imaginación lúcida y febril. No quiero nada más, de verdad que no busco absolutamente nada. Solo voy a extender mi mano para que me pases mis recuerdos y anhelos, que pueden ser tan pequeños para ti, pero son la inmensidad de mi persona, ya regrésame las miradas furtivas que tantas veces te ofrecí y que nada te valen ya para ti, dame mis palabras de aliento en tus días difíciles o mis abrazos sincero cuando te decía "calma, todo estará bien". Me he quedado con tanto de ti y tan poco de mi; que te pido me des lo propio." Sus ojos se abrieron con el impulso de la sorpresa, pude notar como se obscurecían aún más a pesar de ser tan negros como las noches sin luna. Quiso decir algo, pero su boca apretada no permitía decir nada, era más su orgullo que su cariño... Finalmente alzó su rostro de manera altiva, me lanzó una última mirada que trataba de ocultar un perdón sincero tras una cortina de indiferencia, las lágrimas estaban en el borde pero las contenía como si su vida dependiera de ello. Giró y entró de nuevo a su hogar, se detuvo un momento en el umbral y mirándome de reojo dijo "Todo es tuyo, yo nada tengo ya" y desapareció para siempre.

                                                                                                                           FABO  

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