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jueves, 5 de junio de 2014

No me quieras...

No me quieras, no lo hagas,
te lo advierto desde este primer momento
para no escuchar ningún reproche
más adelante en nuestras vidas.

          No me beses, no lo hagas,
          no pongas tus esperanzas en mis labios
          no pongas tu corazón ni tu candor
          en ese dulce beso.

  No me extrañes, no lo hagas,
  no pienses en mi cuando no estés a mi lado
  ni pienses en mi voz o en mi aroma
  cuando mis brazos no te rodeen.

      No me digas que soy tu mundo, no lo hagas,
      no sientas que me encontrarás en cada esquina
      o que nos encontraremos en el mercado comprando fruta,
      no pienses que cada paso nos acerca más y más.

            Te pido lo anterior,
            porque yo tengo cierta experiencia en todo ello,
            porque sé de lo que te hablo
            y de lo que callo.

   Yo te dije que te quiero, lo hice,
   y no es mi intención reprocharte nada
   porque lo hice bajo sabiendas
   que era sujeto al volado del destino.

         Yo te bese, lo hice,
          puse mis esperanzas en tus labios,
          en tu rostro
          mi vida en tu vida, que valía la pena vivirla.

    Yo te extrañé, lo hice,
     pensaba en ti todo el tiempo y bajo cualquier pretexto,
     sentía tu perfume en cualquier parte
     y tu voz susurrando como un suave bolero.

          Yo te dije que eras mi mundo, lo hice,
           pensé que el destino nos pondría en el mismo lugar
           por el puro placer de vernos sonreír como un niño inocente,
           porque dos personas que se quieren, se encuentran hasta en la sopa.

  Y al final, qué más te puedo decir
   si lo viviste conmigo y al mismo tiempo
   sólo que no fuimos contemporáneos
   en el mismo sentimiento mutuo.

                Algunos días me sentía morir,
                y la muerte se sentaba a mi lado con su vestido negro entallado,
                burlándose de este amor, porque no lograba entenderlo
                "Este es el amor, mi estúpida muerte" le dije entre risas
                 y ambos bebimos ese trago amargo de la vida.

    Ahora bien, no me quieras, no lo hagas,
    a menos de que en algún momento
    estés dispuesta a tener pláticas de vida
    con quien jamás te entenderá por completo.

                                                                                                          FABO

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