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miércoles, 6 de noviembre de 2013

El monje...

Junto con la noche la marea subía y los caminos se cubrían poco a poco hasta dejar todo completamente aislado. Todos tomaban las precauciones necesarias pues el frío y la lluvia amenazaban con llegar fuerte; el joven monje no tomaba en cuenta esto, pues su mente no se encontraba en eso ni en sus rezos, sino muy a su pesar,en la hija del dueño del almacén;a ella y sólo a ella dedicaba sus rezos, esto lo espantaba pues se sentía un pecador al usar esas ropas y vivir tras esas paredes santas mientras el pecaba amándola cada día más. Esto no era sólo por ser, aquella bella mujer había dado muestras de su interés en el monje el día que llevó un pedido y él la atendió, se miraron fijamente y en ese momento supo que ya no podría vivir sin ella. Esa noche era particularmente difícil, la recordaba y sufría por su lejanía, no podía más, así que decidió afrontarse al muro que bajaba hasta su ventana y sorprenderla diciéndole todo cuanto sentía. Fue así que salió por su ventana escalando el difícil muro de la Abadía, comenzó una lluvia tenue que hacía el muro más resbaloso aún y el musgo pegado a la pared no ayudaba para nada, pero la voluntad del monje era más fuerte que cualquier obstáculo; por fin llegó a la ventana de su amada, pero cual fue su sorpresa al verla tomada de la mano de otro hombre al cual besaba tiernamente mientras él jugaba con su cabello; <Dios mio> fue lo último que alcanzó a pensar el joven monje antes de caer al vacío y terminar el viaje sobre las rocas cubiertas por el mar. Pasaron días antes de poder encontrarlo; durante el funeral la hija del tendero pensó < pobrecillo, se veía que era una buena persona> mientras sujetaba la mano de su prometido. La boda sería el próximo sábado.

                                                                                                                                                   FABO

1 comentario:

Laiza V. dijo...

No se porque me recordó "En el Nombre de la Rosa"....